Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Lo que yo oà fue mejor que lo que oÃste tú, ¿verdad, Elizabeth? ―dijo Charlotte―. Merece más la pena oÃr al señor Bingley que al señor Darcy, ¿no crees? ¡Pobre Eliza! Decir sólo: «No está mal. »
―Te suplico que no le metas en la cabeza a Lizzy que se disguste por Darcy. Es un hombre tan desagradable que la desgracia serÃa gustarle. La señora Long me dijo que habÃa estado sentado a su lado y que no habÃa despegado los labios.
―¿Estás segura, mamá? ¿No te equivocas? Yo vi al señor Darcy hablar con ella.
―SÃ, claro; porque ella al final le preguntó si le gustaba Netherfield, y él no tuvo más remedio que contestar; pero la señora Long dijo que a él no le hizo ninguna gracia que le dirigiese la palabra.
―La señorita Bingley me dijo ―comentó Jane que él no solÃa hablar mucho, a no ser con sus amigos Ãntimos. Con ellos es increÃblemente agradable.
―No me creo una palabra, querida. Si fuese tan agradable habrÃa hablado con la señora Long. Pero ya me imagino qué pasó. Todo el mundo dice que el orgullo no le cabe en el cuerpo, y apostarÃa a que oyó que la señora Long no tiene coche y que fue al baile en uno de alquiler.