Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―A mà no me importa que no haya hablado con la señora Long ―dijo la señorita Lucas―, pero desearÃa que hubiese bailado con Eliza.
―Yo que tú, Lizzy ―agregó la madre―, no bailarÃa con él nunca más.
―Creo, mamá, que puedo prometerte que nunca bailaré con él.
―El orgullo ―dijo la señorita Lucas― ofende siempre, pero a mà el suyo no me resulta tan ofensivo. Él tiene disculpa. Es natural que un hombre atractivo, con familia, fortuna y todo a su favor tenga un alto concepto de sà mismo. Por decirlo de algún modo, tiene derecho a ser orgulloso.
―Es muy cierto ―replicó Elizabeth―, podrÃa perdonarle fácilmente su orgullo si no hubiese mortificado el mÃo.