Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Qué apretaditas vamos! ―exclamó Lydia―. ¡Me alegro de haber comprado el sombrero, aunque sólo sea por el gusto de tener otra sombrerera! Bueno, vamos a ponernos cómodas y a charlar y reÃr todo el camino hasta que lleguemos a casa. Primeramente oigamos lo que os ha pasado a vosotras desde que os fuisteis. ¿Habéis conocido a algún hombre interesante? ¿Habéis tenido algún flirt? TenÃa grandes esperanzas de que una de vosotras pescarÃa marido antes de volver. Jane pronto va a hacerse vieja. ¡Casi tiene veintitrés años! ¡Señor, qué vergüenza me darÃa a mÃ, si no me casara antes de los veintitrés...! No os podéis figurar las ganas que tiene la tÃa Philips de que os caséis. Dice que Lizzy habrÃa hecho mejor en aceptar a Collins; pero yo creo que habrÃa sido muy aburrido. ¡Señor, cómo me gustarÃa casarme antes que vosotras! Entonces serÃa yo la que os acompañarÃa a los bailes. ¡Lo que nos divertimos el otro dÃa en casa de los Forster! Catherine y yo fuimos a pasar allà el dÃa, y la señora Forster nos prometió que darÃa un pequeño baile por la noche. ¡Cómo la señora Forster y yo somos tan amigas! Asà que invitó a las Harrington, pero como Harriet estaba enferma, Pen tuvo que venir sola; y entonces, ¿qué creerÃais que hicimos? Disfrazamos de mujer a Chamberlayne para que pasase por una dama. ¿Os imagináis qué risa? No lo sabÃa nadie, sólo el coronel, la señora Forster, Catherine y yo, aparte de mi tÃa, porque nos vimos obligadas a pedirle prestado uno de sus vestidos; no os podéis figurar lo bien que estaba. Cuando llegaron Denny, Wickham, Pratt y dos o tres caballeros más, no lo conocieron ni por lo más remoto. ¡Ay, cómo me reÃ! ¡Y lo que se rió la señora Forster! Creà que me iba a morir de risa. Y entonces, eso les hizo sospechar algo y en seguida descubrieron la broma.