Orgullo y prejuicio

Orgullo y prejuicio

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Con historias parecidas de fiestas y bromas, Lydia trató, con la ayuda de las indicaciones de Catherine, de entretener a sus hermanas y a María durante todo el camino hasta que llegaron a Longbourn. Elizabeth intentó escucharla lo menos posible, pero no se le escaparon las frecuentes alusiones a Wickham.

En casa las recibieron con todo el cariño. La señora Bennet se regocijó al ver a Jane tan guapa como siempre, y el señor Bennet, durante la comida, más de una vez le dijo a Elizabeth de todo corazón:

―Me alegro de que hayas vuelto, Lizzy.

La reunión en el comedor fue numerosa, pues habían ido a recoger a María y a oír las noticias, la mayoría de los Lucas. Se habló de muchas cosas. Lady Lucas interrogaba a María, desde el otro lado de la mesa, sobre el bienestar y el corral de su hija mayor; la señora Bennet estaba doblemente ocupada en averiguar las modas de Londres que su hija Jane le explicaba por un lado, y en transmitir los informes a las más jóvenes de las Lucas, por el otro. Lydia, chillando más que nadie, detallaba lo que habían disfrutado por la mañana a todos los que quisieran escucharla.


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