Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Pues ya ves, yo me tenÃa por muy lista cuando le encontraba tan antipático, sin ningún motivo. Sentir ese tipo de antipatÃas es como un estÃmulo para la inteligencia, es como un rasgo de ingenio. Se puede estar hablando mal continuamente de alguien sin decir nada justo; pero no es posible estar siempre riéndose de una persona sin dar alguna vez en el clavo.
―Estoy segura, Elizabeth, de que al leer la carta de Darcy, por primera vez, no pensaste asÃ.
―No habrÃa podido, es cierto. Estaba tan molesta, o, mejor dicho, tan triste. Y lo peor de todo era que no tenÃa a quién confiar mi pesar. ¡No tener a nadie a quien hablar de lo que sentÃa, ninguna Jane que me consolara y me dijera que no habÃa sido tan frágil, tan vana y tan insensata como yo me creÃa! ¡Qué falta me hiciste!
―¡Haber atacado a Darcy de ese modo por defender a Wickham, y pensar ahora que no lo merecÃa!
―Es cierto; pero estaba amargada por los prejuicios que habÃa ido alimentando. Necesito que me aconsejes en una cosa. ¿Debo o no debo divulgar lo que he sabido de Wickham?
Jane meditó un rato y luego dijo:
―Creo que no hay por qué ponerle en tan mal lugar. ¿Tú qué opinas?