Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―No es probable; lo sabemos de muy buena tinta. En el amplio corredor de arriba se les mostró un lindo aposento recientemente adornado con mayor elegancia y tono más claro que los departamentos inferiores, y se les dijo que todo aquello se habÃa hecho para complacer a la señorita Darcy, que se habÃa aficionado a aquella habitación la última vez que estuvo en Pemberley.
―Es realmente un buen hermano ―dijo Elizabeth dirigiéndose a una de las ventanas.
La señora Reynolds dijo que la señorita Darcy se quedarÃa encantada cuando viese aquella habitación.
―Y es siempre asà ―añadió―, se desvive por complacer a su hermana. No hay nada que no hiciera por ella.
Ya no quedaban por ver más que la galerÃa de pinturas y dos o tres de los principales dormitorios. En la primera habÃa varios cuadros buenos, pero Elizabeth no entendÃa nada de arte, y entre los objetos de esa naturaleza que ya habÃa visto abajo, no miró más que unos cuantos dibujos en pastel de la señorita Darcy de tema más interesante y más inteligible para ella.