Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¿Se irán a casar, de veras? ―exclamó Elizabeth en cuanto estuvieron solas―.¡Qué raro! Y habremos de dar gracias aún. A pesar de las pocas probabilidades de felicidad de ese matrimonio y de la perfidia de Wickham, todavÃa tendremos que alegrarnos. ¡Oh, Lydia!
―Me consuelo pensando ―replicó Jane― que seguramente no se casarÃa con Lydia si no la quisiera. Aunque nuestro bondadoso tÃo haya hecho algo por salvarlo, no puedo creer que haya adelantado diez mil libras ni nada parecido. Tiene hijos y puede tener más. No alcanzarÃa a ahorrar ni la mitad de esa suma.
―Si pudiéramos averiguar a cuánto ascienden las deudas de Wickham ―dijo Elizabeth― y cuál es la dote que el tÃo Gardiner da a nuestra hermana, sabrÃamos exactamente lo que ha hecho por ellos, pues Wickham no tiene ni medio chelÃn. Jamás podremos pagar la bondad del tÃo. El llevarla a su casa y ponerla bajo su dirección y amparo personal es un sacrificio que nunca podremos agradecer bastante. Ahora debe de estar con ellos. Si tanta bondad no le hace sentirse miserable, nunca merecerá ser feliz. ¡Qué vergüenza para ella encontrarse cara a cara con nuestra tÃa!