Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Vaya a ver a su padre: la necesita en la biblioteca.
Elizabeth salió disparada.
Su padre se paseaba por la estancia y parecÃa muy serio e inquieto.
―Elizabeth ―le dijo―, ¿qué vas a hacer? ¿Estás en tu sano juicio al aceptar a ese hombre? ¿No habÃamos quedado en que le odiabas?
¡Cuánto sintió Elizabeth que su primer concepto de Darcy hubiera sido tan injusto y sus expresiones tan inmoderadas! Asà se habrÃa ahorrado ciertas explicaciones y confesiones que le daban muchÃsima vergüenza, pero que no habÃa más remedio que hacer. Bastante confundida, Elizabeth aseguró a su padre que amaba a Darcy profundamente.
―En otras palabras, que estás decidida a casarte con él. Es rico, eso sÃ; podrás tener mejores trajes y mejores coches que Jane. Pero ¿te hará feliz todo eso?
―¿Tu única objeción es que crees que no le amo?
―Ni más ni menos. Todos sabemos que es un hombre orgulloso y desagradable; pero esto no tiene nada que ver si a ti te gusta.