Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¿Eh? ¡Ahà lo tienen! —exclamó Mary, extasiada—. ¡Lo que yo decÃa! ¡El heredero de sir Walter Elliot! Estaba segura de que saldrÃa, si lo era. No falla: es un detalle que sus criados tienen buen cuidado de airear por donde va. Pero Anne, ¡imagÃnate qué extraordinario! Ojalá me hubiera fijado más en él. Ojalá hubiéramos sabido a tiempo quién era, para presentarnos. ¡Qué pena que no nos hayamos saludado! ¿Crees que tiene el aire de los Elliot? Yo apenas le he mirado; me estaba fijando en los caballos; pero sà me parece que tenÃa el ademán de los Elliot. ¡Me extraña que no me haya chocado su escudo de armas! Su gran gabán colgaba encima de la portezuela; eso es; de lo contrario estoy segura de que lo habrÃa visto, y la librea también. Si el criado no hubiera ido de luto, le habrÃamos reconocido por la librea.
—Con todas estas asombrosas coincidencias —dijo el capitán Wentworth—, hay que creer que ha sido disposición de la Providencia que no se haya presentado a su primo.
Cuando Anne consiguió que Mary le prestase atención, trató de recordarle discretamente que hacÃa años que su padre y el señor Elliot no tenÃan una relación que hiciera deseables en absoluto las presentaciones.