Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Si Louisa se recuperaba, todo volverÃa a ser igual. HabrÃa incluso más alegrÃa que antes. No le cabÃa ninguna duda, a su espÃritu al menos, de lo que ocurrirÃa si se ponÃa bien. Unos meses más, y la habitación ahora tan desierta, no ocupada más que por su figura silenciosa y pensativa, se llenarÃa otra vez de alegrÃa y de dicha, de todo cuanto transpiraba amor encendido y radiante, ¡de cosas muy ajenas a Anne Elliot!
Una hora de completa tranquilidad dedicada a reflexiones de este género en un oscuro dÃa de noviembre, con una lluvia fina y espesa que casi borraba las pocas cosas que se veÃan desde las ventanas, le bastó a Anne para acoger el ruido del coche de lady Russell con alegrÃa; sin embargo, aunque deseosa de irse, no podÃa abandonar la mansión, ni despedirse con la mirada de la casa de Charles y Mary, una casa de negra, goteante e incómoda terraza, ni observar a través de los cristales empañados las últimas casas humildes del pueblo, sin que se le entristeciera el corazón. HabÃan pasado cosas en Uppercross que lo hacÃan inestimable. Era testigo de muchas impresiones llorosas, intensas en su dÃa, aunque ahora dulcificadas; y de momentos conciliadores, de atisbos de amistad y reencuentro que nunca más podrÃa esperar, y que jamás dejarÃan de ser queridos. Todo lo dejaba atrás; todo, salvo la conciencia de que esas cosas habÃan existido.