Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Se sentó con ellos y animó muchísimo la conversación. No cabía duda de que era un hombre con sensibilidad. Bastaron diez minutos para comprobarlo. El tono, el modo de expresarse, la elección de los temas, la discreción… todo era efecto de un espíritu sensible y perspicaz. Y en cuanto tuvo ocasión, empezó a hablar a Anne de Lyme, deseoso de contrastar sus respectivas opiniones sobre el pueblo, y en especial de comentar la casualidad de que fueran huéspedes de la misma posada al mismo tiempo, explicar su propia ruta, averiguar la de ella, y lamentar haber perdido la ocasión de presentarle sus respetos. Anne le contó brevemente su excursión y a qué habían ido a Lyme. El pesar del señor Elliot iba en aumento a medida que escuchaba. Había pasado toda la tarde solo en la habitación contigua a la de ellos; había estado oyendo continuamente voces y risas; pensó que debían de ser un grupo de lo más simpático, deseó estar con ellos… pero desde luego sin sospechar que tuviera el más mínimo derecho a presentarse por sí mismo. ¡Si al menos hubiese preguntado quiénes eran! El apellido Musgrove habría sido suficiente. Bueno, esto le curaría de su absurda costumbre de no preguntar jamás en una posada, costumbre que había adoptado desde muy joven siguiendo el principio de que no es de buena educación ser curiosos.