Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Sir Walter, no obstante, prefería seguir su propia idea, y finalmente escribió una cuidadísima carta de explicación, pesar y súplica a su ilustre prima. Ni lady Russell ni el señor Elliot aplaudieron la carta; pero produjo el efecto pretendido, al recibir en respuesta tres líneas de garabatos de la vizcondesa viuda. «Se sentía muy honrada y estaría encantadísima de poder contar con su amistad». Concluidos los esfuerzos, empezaron las satisfacciones. Visitaron Laura-place, recibieron las tarjetas de la vizcondesa Dalrymple y de la ilustre señorita Carteret, que fueron colocadas donde eran más visibles; y hablaron a todo el mundo de «nuestras primas de Laura-place» y de «nuestras primas, lady Dalrymple y la señorita Carteret».
Anne estaba avergonzada. Aunque lady Dalrymple y su hija hubiesen sido personas de lo más agradables, le habría dado la misma vergüenza ver el revuelo que creaban; pero no eran nada de eso. Su educación, sus méritos y su inteligencia carecían de superioridad. Lady Dalrymple había alcanzado fama de «mujer encantadora» porque tenía una sonrisa y una respuesta amable para todos. Menos aún había que decir de la señorita Carteret, tan sosa y falta de atractivo que jamás se la habría admitido en Camden-place de no ser por su origen.