Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Retirada así su petición, su hermana no pudo decir nada en apoyo de las suyas; cosa que era lo que él pretendía, ya que se daba cuenta de lo absolutamente inoportunas que eran, y del mal efecto que tendrían en su petición más razonable. Esta deliberación alivió a la señora Parker, y salió muy contenta con su amiga y su hija pequeña en dirección a Sanditon House.
Era una mañana densa y brumosa; y una vez en lo alto de la colina no alcanzaban a distinguir qué clase de carruaje era el que subía. Unas veces les parecía una cosa y otras otra, desde una calesa a un faetón, o que llevaba un caballo como que llevaba cuatro. Y justamente cuando habían llegado a la conclusión de que era un tándem, los jóvenes ojillos de la pequeña Mary identificaron al cochero, y exclamó:
—¡Es tío Sidney, mamá!
Y así era.
No tardaron en tener delante al señor Sidney Parker con su criado, conduciendo un elegante carruaje que detuvo unos minutos. El trato entre los Parker era siempre sumamente cordial, por lo que fue de gran alegría el encuentro entre Sidney y su cuñada, la cual dio por supuesto que se dirigía a Trafalgar House. Sin embargo, Sidney dijo que no: «acababa de llegar de Eastbourne y pensaba pasar un par de días o tres, dependía, en Sanditon; pero que iba a quedarse en el hotel. Esperaba reunirse allí con un amigo o dos».