Persuasión
Persuasión No era posible dudar que aquel caballero —pues de tal era su porte— habÃa concebido por Anne una admiración extraordinaria. El capitán Wentworth se volvió hacia ella por un instante, dando señales inequÃvocas de haberse percatado de ello, y la miró con una expresión que parecÃa decir: «Este hombre se ha prendado de usted, y a mà me parece estar viendo de nuevo a Anne Elliot.»
Después de acompañar a Louisa a hacer su compra y de andar un rato, regresaron a la posada. Al pasar Anne rápidamente de sus habitaciones al comedor, a punto estuvo de tropezar con el mismo caballero de la playa, que salÃa de un cuarto próximo. Ella ya habÃa sospechado que se trataba de un forastero, y comprendió entonces que cierto lacayo a quien habÃan visto pasar de una posada a otra debÃa de ser su criado. A esta suposición contribuÃa el observar que tanto el amo como el servidor vestÃan de negro. Ahora ya estaba segura de que aquel señor se hospedaba en la misma posada que ellos. El segundo encuentro, por fugaz que hubiera sido, probaba, según se desprendÃa de la actitud de él, que el caballero la encontraba muy de su agrado, y la distinción con que se habÃa comportado revelaba que era una persona perfectamente educada. DebÃa de tener unos treinta años, y, sin ser apuesto, era en conjunto agradable. Anne sintió curiosidad por saber quién era.