Persuasión
Persuasión Entre los detalles de tan amarga historia había alguno que irritaba a Anne sobremanera. Del relato se deducía fácilmente que ciertas propiedades que el marido poseía en las Indias Occidentales, y que habían sido embargadas por falta de pago de las contribuciones, podían ser recuperadas llevando a cabo las oportunas gestiones, y si bien aquellas fincas no constituían un gran patrimonio, sin duda bastarían para proporcionar a la viuda una existencia relativamente desahogada. Pero no había nadie que mediase en el asunto. Mr. Elliot no estaba dispuesto a hacer nada, y ella, que era impotente a causa de sus dolencias, se veía incapacitada, debido a su indigencia, para valerse de otras personas. No tenía parientes cercanos que pudieran auxiliarla siquiera con el consejo, ni disponía de medios para buscar la protección de la ley. Todo esto contribuía a aumentar la amargura de su situación. Y era doloroso pensar que un poco de ayuda le bastaría para mejorar de posición y que un retraso más prolongado podría acarrear la caducidad de sus derechos.