Persuasión
Persuasión El capitán la miró, luego volvió la cabeza hacia Mrs. Russell y por fin volvió a fijar los ojos en ella.
—TodavÃa no —dijo con tono deliberadamente severo—. Pero no hay que desesperar de que obtenga el perdón. ConfÃo en que pronto sea capaz de mostrarme caritativo. Pero también yo he pensado en el pasado y no he podido por menos de plantearme la siguiente pregunta: ¿habré tenido algún enemigo más temible que esta señora? Pues sÃ: yo mismo. Porque, vamos a ver, si cuando regresé a Inglaterra el año ocho, disponiendo ya de más de dos mil libras y al mando del Laconia, me hubiera decidido a escribirle, ¿habrÃa contestado usted mi carta? En una palabra, ¿habrÃa accedido a devolverme su cariño?
—Sà —fue toda la respuesta; pero el tono era decisivo.