Persuasión
Persuasión —¡Dios mÃo! —exclamó el capitán—. ¡HabrÃa accedido! No es que yo dejara de soñar con ello y de desearlo, como un modo perfecto de coronar mis éxitos. Pero yo era demasiado orgulloso para suplicar de nuevo. Confieso que no la entendÃa, Anne. TenÃa los ojos cerrados y no querÃa hacerle justicia siquiera. El recuerdo de mi conducta me obliga a perdonar a cualquiera antes que a mà mismo. HabrÃa podido ahorrarme seis años de separación y de dolor insoportables. Pero ahora empiezo a sentir un sinsabor completamente nuevo. Yo estaba habituado a creerme merecedor de toda la felicidad que me salÃa al paso. Juzgaba todos mis éxitos como recompensas proporcionales a mis esfuerzos.
Y expresándose como otros grandes hombres que han sufrido los reveses de la suerte, añadió con una sonrisa:
—No me queda más remedio que someter mi inteligencia a mi fortuna. Tendré que resignarme a ser más feliz de lo que merezco.