Persuasión
Persuasión —¡Cuánto lamento hallarte asÃ! —repuso Anne—. El lunes me enviaste tan buenas noticias…
—SÃ, saqué fuerzas de flaqueza, como hago siempre, pero no estaba bien. Creo que jamás en mi vida me he sentido tan mal como esta mañana. No deberÃa quedarme sola. Imagina que sufro un ataque de repente y no tengo fuerzas siquiera para hacer sonar la campanilla. Mrs. Russell apenas si debe de haber salido de su casa, pues en todo el verano sólo ha venido tres veces.
Anne hizo los comentarios de rigor, y preguntó a Mary por su marido.
—Charles ha salido a cazar. No lo he visto desde las siete. Se empeñó en marcharse, a pesar de decirle lo mal que estaba. Prometió no tardar, pero ya es cerca de la una y aún no ha regresado. Te aseguro que llevo toda la mañana sin ver a nadie.
—¿Han estado los niños contigo?
—Mientras he podido tolerar el alboroto, sÃ; pero son tan traviesos que me hacen más daño que provecho. Al pequeño Charles es inútil reprenderlo, y Walter se va haciendo tan revoltoso como su hermano.
—Bueno, mujer, verás cómo pronto te pondrás bien —dijo Anne alegremente—. Ya sabes que mis visitas obran el milagro de curarte. ¿Cómo están los vecinos de la Casa Grande?