Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Algunas personas no soportan una excursión de placer. Brandon es uno. TenÃa miedo de resfriarse, dirÃa yo, e inventó esta triquiñuela para escaparse. ApostarÃa cincuenta guineas a que él mismo escribió la carta.
—No me cabe la menor duda —replicó Marianne.
—Cuando usted toma una decisión, Brandon —dijo sir John—, no hay manera de persuadirlo a que cambie de opinión, siempre lo he sabido. Sin embargo, espero que lo piense mejor. Recuerde que están las dos señoritas Carey, que han venido desde Newton; las tres señoritas Dashwood vinieron caminando desde su casa, y el señor Willoughby se levantó dos horas antes de lo acostumbrado, todos con el propósito de ir a Whitwell.
El coronel Brandon volvió a repetir cuánto lamentaba que por su causa se frustrara la excursión, pero al mismo tiempo declaró que ello era inevitable.
—Y entonces, ¿cuándo estará de vuelta?
—Espero que lo veamos en Barton —agregó su señorÃa— tan pronto como pueda dejar la ciudad; y debemos posponer la excursión a Whitwell hasta su vuelta.
—Es usted muy atenta. Pero tengo tan poca certeza respecto de cuándo podré volver, que no me atrevo a comprometerme a ello.
—¡Oh! El tiene que volver, y lo hará —exclamó sir John—. Si no está acá a fines de semana, iré a buscarlo.