Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad La turbación de Edward se alargó durante algún tiempo, y terminó llevándolo a un estado de abstracción aún más pronunciado. Estuvo especialmente serio durante toda la mañana. Marianne se reprochaba de la manera más severa por lo que había dicho; pero se habría perdonado con mucho mayor rapidez si hubiera sabido cuán poco había ofendido a su hermana.
Antes de mediodía recibieron la visita de sir John y la señora Jennings, que habiendo sabido de la visita de un caballero a la cabaña, vinieron a echar una mirada al huésped. Con la ayuda de su suegra, sir John no tardó en descubrir que el nombre de Ferrars comenzaba con F. y esto dejó abierta para el futuro una veta de chanzas contra la recta Elinor que únicamente porque recién conocían a Edward no explotaron de inmediato. En el momento, tan sólo las expresivas miradas que se cruzaron dieron un indicio a Elinor de cuán lejos había llegado su perspicacia, a partir de las indicaciones de Margaret.
Sir John nunca llegaba a casa de las Dashwood sin invitarlas ya fuera a cenar en la finca al día siguiente, o tomar té con ellos esa misma tarde. En la ocasión actual, para distracción de su huésped a cuyo esparcimiento se sentía obligado a contribuir, quiso comprometerlos para ambos.