Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad A pesar de lo mucho que había sufrido en su primera conversación con Lucy sobre el tema, pronto sintió un vivo deseo de reanudarla, y esto por más de una razón. Deseaba escuchar otra vez muchos detalles de su compromiso; deseaba entender con mayor claridad lo que Lucy realmente sentía por Edward, si era en verdad sincera en sus declaraciones de tierno afecto por él; y muy en especial quería convencer a Lucy, por su presteza en incursionar en el asunto de nuevo y su tranquilidad al conversar sobre él, que no le interesaba más que como amiga, algo que temía haber dejado al menos en duda con su involuntaria agitación durante su conversación matinal. Que Lucy se inclinara a sentirse celosa de ella parecía bastante probable; era evidente que Edward siempre la había alabado mucho, y evidente no sólo por lo que Lucy decía, sino por su atreverse a confiarle, tras tan poco tiempo de conocerse en persona, un secreto tan reconocida y obviamente importante. E incluso los comentarios jocosos de sir John podían haber pesado en ello. Pero, en verdad, mientras Elinor siguiera sintiéndose tan segura en su interior de que Edward realmente la amaba, no se requería de más cálculos de probabilidades para considerar natural que Lucy se sintiera celosa; y de sus celos, su misma confidencia era prueba suficiente. ¿Qué otra razón podía haber para revelar su historia, sino que Elinor supiera de los mayores derechos que Lucy tenía sobre Edward y aprendiera a evitarlo en el futuro? No le costaba mucho comprender hasta este punto las intenciones de su rival, y en tanto estaba firmemente decidida a actuar según lo exigían todos los principios de honor y honestidad para luchar contra su propio afecto por Edward y verlo lo menos posible, no podía negarse el consuelo de intentar convencer a Lucy de que su corazón estaba indemne. Y como nada podían agregar sobre el tema más doloroso que lo ya escuchado, no dudó de su propia capacidad para soportar tranquilamente una repetición de los pormenores.