Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Pero, se equivoca absolutamente, lady Middleton; tan sólo estaba esperando saber si pueden realizar su partida sin mÃ, o ya me habrÃa puesto a trabajar en la filigrana. Por nada del mundo desilusionarÃa al angelito; y si usted me quiere en la mesa de naipes ahora, estoy decidida a terminar la canastilla después de cenar.
—Es usted muy buena; espero que no le haga daño a los ojos… ¿podrÃa tocar la campanilla para que traigan velas para trabajar? Sé que mi pobre niñita se sentirÃa terriblemente desilusionada si la cesta no estuviera terminada mañana, pues aunque le dije que de ninguna manera iba a estar lista, estoy segura de que confÃa en que lo estará.
Lucy acercó su mesa de trabajo y se sentó a ella con una presteza y buen ánimo que parecÃan insinuar que su mayor placer era hacer una cesta de filigrana para una niña consentida.
Lady Middleton les propuso a las demás una partida de «casino». Nadie hizo ninguna objeción, excepto Marianne, que con su habitual incumplimiento de las normas de cortesÃa generales, exclamó:
—Su señorÃa tendrá la bondad de excusarme… usted sabe que detesto los naipes. Iré al piano; no lo he tocado desde que lo afinaron.
Y sin más ceremonia, se alejó hacia el instrumento.