Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Sin poder seguir hablando, se levantó precipitadamente y se dedicó a dar vueltas durante algunos minutos por la habitación. Elinor, afectada por su relato, y aún más por su congoja, tampoco pudo decir palabra. El vio su aflicción y, acercándosele, tomó una de sus manos entre las suyas, la oprimió y besó con agradecido respeto. Unos pocos minutos más de silencioso esfuerzo le permitieron seguir con una cierta compostura.