Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Marianne no pudo soportar esto. Ya estaba enormemente disgustada con la señora Ferrars; y tan inoportuna alabanza de otra a expensas de Elinor, aunque no tenía la menor idea de lo que ello significaba, la impulsó a decir con gran vehemencia:
—¡Qué manera más curiosa de elogiar algo! ¿Y qué es la señorita Morton para nosotras? ¿Quién la conoce o a quién le importa? Es en Elinor que estamos pensando y de quien hablamos.
Y así diciendo, tomó las pinturas de manos de su cuñada para admirarlas como se debía.
La señora Ferrars pareció extremadamente enojada, y poniéndose más tiesa que nunca, devolvió la ofensa con esta acre filípica:
—La señorita Morton es la hija de lord Morton.
Fanny también parecía muy enojada, y su esposo se veía aterrado ante la audacia de su hermana. Elinor se sentía mucho más herida por la vehemencia de Marianne que por lo que la había originado; pero la mirada del coronel Brandon, fija en Marianne, mostraba a las claras que él sólo había visto cuanto había de amable en su reacción: el afectuoso corazón incapaz de soportar ni el más mínimo desprecio dirigido a su hermana.