Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —En realidad, no es asÃ; porque, hablando en serio, estoy segura de que sólo su conciencia mantuvo a Edward alejado de Harley Street. Y en verdad creo que su conciencia es delicadÃsima, la más escrupulosa en el cumplimiento de todos sus compromisos, por insignificantes que sean y aunque vayan en contra de su interés o de su placer. Nadie teme más que él causar dolor o destrozar una expectativa, y es la persona más incapaz de egoÃsmo que yo conozca. SÃ, Edward, es asà y asà lo diré. ¡Cómo! ¿Es que nunca vas a permitir que te alaben? Entonces no puedes ser mi amigo, pues quienes acepten mi amor y mi estima deben someterse a mis más abiertos elogios.
El contenido de sus elogios en el caso actual, sin embargo, resultaba particularmente inadecuado a los sentimientos de dos tercios de su auditorio, y para Edward fue tan poco alentador que muy luego se levantó para marcharse.
—¡Tan pronto te vas! —dijo Marianne—. Mi querido Edward, no puedes hacerlo.
Y llevándolo ligeramente a un lado, le susurró su convencimiento de que Lucy no se quedarÃa mucho rato más. Pero incluso este incentivo falló, porque persistió en irse; y Lucy, que se habrÃa quedado más tiempo que él aunque su visita hubiera durado dos horas, poco después se fue también.