Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —¡Algo tan extraño! Pero ya le contaré todo. Cuando llegué donde el señor Palmer, encontré a Charlotte armando todo un alboroto en torno al niño. Estaba segura de que estaba muy enfermo: lloraba y estaba molesto, y estaba todo cubierto de granitos. Lo examiné entonces de cerca, y «¡Cielos, querida!», le dije. «No es nada, sólo un sarpullido», y la niñera dijo lo mismo. Pero Charlotte no, ella no estaba satisfecha, asà que enviaron por el señor Donovan; y por suerte acababa de llegar de Harley Street, asà que fue de inmediato, y apenas vio al niño dijo lo mismo que nosotras, que no era nada sino un sarpullido, y ahà Charlotte se quedó tranquila. Y entonces, justo cuando se iba, me vino a la cabeza, y no sé cómo se me fue a ocurrir pensar en eso, pero se me vino a la cabeza preguntarle si habÃa alguna noticia. Y entonces él puso esa sonrisita afectada y tonta, y fingió todo un aire de gravedad, como si supiera esto y lo otro, hasta que al fin susurró: «Por temor a que algún informe desagradable llegara a las jóvenes bajo su cuidado sobre la indisposición de su cuñada, creo aconsejable decir que, en mi opinión, no hay motivo de alarma; confÃo en que la señora Dashwood se recupere perfectamente».
—¡Cómo! ¿Está enferma Fanny?