Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —¡Pobre joven! ¿Y qué va a ser de él?
—SÃ, por cierto, señora. Qué triste es pensarlo. ¡Nacido con la expectativa de tanta riqueza! No puedo imaginar una situación más deplorable. Los intereses de dos mil libras, ¡cómo va a vivir una persona con eso! Y cuando, además, se piensa que, de no haber sido por su propia locura en tres meses más habrÃa recibido dos mil quinientas libras anuales (puesto que la señorita Morton posee treinta mil libras), no puedo imaginar situación más funesta. Todos debemos tenerle lástima; y más aún considerando que ayudarlo está totalmente fuera de nuestro alcance.
—¡Pobre joven! —exclamó la señora Jennings—. Les aseguro que de muy buen grado le darÃa alojamiento y comida en mi casa; y asà se lo dirÃa, si pudiera verlo. No está bien que tenga que costearse todo solo ahora, viviendo en posadas y tabernas.
Elinor le agradeció Ãntimamente por su bondad hacia Edward, aunque no podÃa evitar sonreÃr ante la manera en que era expresada.