Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Cuando le dijo a Marianne lo que habÃa hecho, sin embargo, la primera a reacción que tuvo no fue muy auspiciosa.
—¡Cleveland! No, no puedo ir a Cleveland.
—Te olvidas —le respondió Elinor gentilmente— que la casa de Cleveland no está… que no está en las vecindades de…
—Pero es en Somersetshire… Yo no puedo ir a Somersetshire… AhÃ, adonde tanto deseé ir… No, Elinor, no puedes pretender que vaya allá.
Elinor no quiso discutir sobre la conveniencia de superar tales sentimientos; se limitó a esforzarse en contrarrestarlos recurriendo a otros; y, asÃ, le pintó ese viaje como una forma de fijar el plazo en que podrÃan volver donde su querida madre, a quien tanto deseaba ver, de la manera más conveniente y cómoda, y quizá sin gran tardanza. Desde Cleveland, que estaba a unas pocas millas de Bristol, la distancia a Barton no era más de un dÃa de viaje, aunque fuera un largo dÃa; y el criado de su madre podÃa fácilmente ir ahà para acompañarlas; y como no tendrÃan que quedarse en Cleveland más de una semana, podrÃan estar de vuelta en casa en poco más de tres semanas a contar de ese momento. Como el cariño de Marianne por su madre era sincero, debÃa vencer, con muy pocas dificultades, los males imaginarios que ella habÃa puesto en acción.