Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —En la actualidad —continuó Elinor—, lamenta lo que hizo. Y, ¿por qué lo lamenta? Porque ha descubierto que no le sirvió. No lo ha hecho feliz. Ya no tiene problemas económicos, no sufre en ese aspecto, y sólo piensa en que se casó con una mujer de temperamento menos amable que el tuyo. Pero ¿se sigue de eso que si se hubiera casado contigo serÃa feliz? Las dificultades habrÃan sido diferentes. HabrÃa sufrido por las inquietudes económicas que, ahora que no las tiene, han perdido importancia para él. HabrÃa tenido una esposa de cuyo carácter no se habrÃa podido quejar, pero habrÃa vivido siempre necesitado, siempre pobre; y probablemente muy luego habrÃa aprendido a valorizar mucho más las innumerables comodidades que da un patrimonio libre de deudas y una buena renta, incluso para la felicidad hogareña, que el simple carácter de una esposa.
—No me cabe la menor duda de ello —dijo Marianne—; y no me arrepiento de nada… de nada excepto de mi propia necedad.
—Di más bien la imprudencia de tu madre, hijita —dijo la señora Dashwood—; es ella la responsable.
Marianne no la dejó seguir; y Elinor, satisfecha al ver que cada una reconocÃa su propio error, deseó evitar todo examen del pasado que pudiera hacer flaquear el espÃritu de su hermana; asÃ, retomando el primer tema, continuó de inmediato: