Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Todo el proceder de Lucy en este asunto y la prosperidad con que se vio coronado, pueden asà exhibirse como un muy estimulante ejemplo de lo que una intensa, incesante atención a los propios intereses, por más obstáculos que parezca tener el camino hacia ellos, podrá hacer para lograr todas las ventajas de la fortuna, sin sacrificar otra cosa que tiempo y conciencia. La primera vez que Robert buscó verla y la visitó en Bartlett’s Buildings, su única intención era la que su hermano le atribuyó. Sólo querÃa convencerla de desistir del compromiso; y como el único obstáculo que imaginaba posible era el afecto de ambos, lógicamente esperaba que una o dos entrevistas bastarÃan para resolver el asunto. En ese punto, sin embargo, y sólo en ése, se equivocó; pues aunque Lucy muy luego lo hizo confiar en que, a la larga, su elocuencia la convencerÃa, siempre se necesitaba otra visita, otra conversación para lograr tal convencimiento. Al separarse, siempre subsistÃan en la mente de ella algunas dudas, que sólo podÃan aclararse con otra conversación de media hora con él. De esta manera se aseguraba una nueva visita, y el resto siguió su curso natural. En vez de hablar de Edward, paulatinamente llegaron a hablar sólo de Robert… un tema sobre el cual él siempre tenÃa más que decir que sobre el otro y en el cual ella pronto mostró un interés que casi se equiparaba al de él; y, en pocas palabras, rápidamente fue evidente para ambos que él habÃa suplantado por completo a su hermano. Estaba orgulloso de su conquista, orgulloso de jugarle una mala pasada a Edward, y muy orgulloso de casarse en privado sin el consentimiento de su madre. Ya se sabe lo que siguió de inmediato. Pasaron algunos meses muy felices en Dawlish, pues ella tenÃa muchos parientes y viejos conocidos con quienes deseaba cortar, y él dibujó muchos planos para magnÃficas casas de campo. Y cuando desde allà volvieron a la ciudad, obtuvieron el perdón de la señora Ferrars con el sencillo expediente de pedÃrselo, camino adoptado a instancias de Lucy. En un principio, como es lógico, el perdón alcanzó únicamente a Robert; y Lucy, que no tenÃa ninguna obligación con su suegra y, por tanto, no habÃa transgredido nada, permaneció unas pocas semanas más sin ser perdonada. Pero la perseverancia en un comportamiento humilde, más mensajes donde asumÃa la culpa por la ofensa de Robert y gratitud por la dureza con que era tratada, le procuraron con el tiempo un altanero reconocimiento de su existencia que la abrumó por su condescendencia y que luego la condujo a pasos muy rápidos al más alto estado de afecto e influencia. Lucy se hizo tan necesaria a la señora Ferrars como Robert o Fanny; y mientras Edward nunca fue perdonado de todo corazón por haber pretendido alguna vez casarse con ella, y se referÃan a Elinor, aunque superior a Lucy en fortuna y nacimiento, como una intrusa, ella siempre fue considerada y abiertamente reconocida como una hija favorita. Se instalaron en la ciudad, recibieron un muy generoso apoyo de la señora Ferrars, estaban en los mejores términos imaginables con los Dashwood y, dejando de lado los celos y mala voluntad que siguieron subsistiendo entre Fanny y Lucy, en los que por supuesto sus esposos tomaban parte, junto con los frecuentes desacuerdos domésticos entre los mismos Robert y Lucy, nada podrÃa superar la armonÃa en que vivieron todos juntos.