Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Margaret estuvo de acuerdo, y reemprendieron su camino contra el viento, resistiéndolo con alegres risas durante casi veinte minutos más, cuando de súbito las nubes se unieron por sobre sus cabezas y una intensa lluvia les empapó los rostros. Apenadas y sorprendidas, se vieron obligadas, aunque a desgana, a devolverse, porque ningún refugio había más cercano que su casa. No obstante, les quedaba un consuelo, al que pudieron recurrir en ese momento puesto que la necesidad les dio más decoro del que habitualmente tendrían: y éste fue bajar corriendo tan rápido como podían por la falda de la colina que conducía directamente al portón de su jardín.
Partieron. Marianne tomó ventaja al comienzo, pero un paso en falso la hizo caer de repente a tierra; y Margaret, incapaz de detenerse para auxiliarla, involuntariamente siguió de largo a toda prisa y llegó abajo sana y salva.