Sentido y sensibilidad

Sentido y sensibilidad

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Un caballero que cargaba una escopeta, con dos perros pointer que jugaban a su alrededor, se encontraba subiendo la colina y a pocas yardas de Marianne cuando ocurrió el accidente. Dejó su arma y corrió en su auxilio. Ella se había levantado del suelo, pero habiéndose torcido un tobillo al caer, apenas podía sostenerse en pie. El caballero le ofreció sus servicios, y advirtiendo que su modestia la hacía rehusar lo que su situación hacía necesario, la levantó en sus brazos sin más tardanza y la llevó cerro abajo. Luego, cruzando el jardín cuya puerta Margaret había dejado abierta, la cargó directamente al interior de la casa, adonde Margaret acababa de llegar, y no dejó de sostenerla hasta sentarla en una silla de la salita.

Elinor y su madre se levantaron atónitas al verlo entrar, y mientras le clavaban la vista con evidente extrañeza y a la vez con secreta admiración ante su apariencia, él disculpó su intromisión relatando lo que la había causado; y lo hizo de manera tan franca y llena de gracia que su voz y expresión parecieron hacer mayores sus encantos, aunque ya era extraordinariamente bien parecido. Si hubiera sido viejo, feo y vulgar, igualmente habría contado con la gratitud y amabilidad de la señora Dashwood por cualquier acto de atención hacia su hija; pero la influencia de la juventud, la belleza y elegancia prestó un nuevo interés a su acción, que la conmovió aún más.


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