Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Bien, Marianne —dijo Elinor inmediatamente tras su partida—, creo que para una mañana lo has hecho bastante bien. Ya has averiguado la opinión del señor Willoughby en casi todas las materias de importancia. Estás al tanto de lo que piensa de Cowper y Scott; tienes total certidumbre de que aprecia sus encantos tal como debe hacerse, y has recibido todas las seguridades necesarias respecto de que no admira a Pope más allá de lo adecuado. Pero ¡cómo podrás continuar tu relación con él tras despachar de manera tan extraordinaria todos los posibles temas de conversación! Pronto habrán agotado todos los tópicos preferidos. Otro encuentro bastará para que él explique sus sentimientos sobre la belleza pintoresca y los segundos matrimonios, y entonces ya no tendrás nada más que preguntar…
—¡Elinor! —exclamó Marianne—. ¿Estás siendo justa? ¿Estás siendo equitativa? ¿Es que mis ideas son tan escasas? Pero entiendo lo que dices. Me he sentido demasiado cómoda, demasiado feliz, he estado demasiado franca. He faltado a todos los lugares comunes relativos al decoro. He sido abierta y sincera allà donde debà ser reservada, opaca, desganada y falsa. Si sólo hubiera conversado del clima y de los caminos, y si sólo hubiera hablado una vez en diez minutos, me habrÃa salvado de este reproche.