Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad Lo único que se requerÃa para inducirla a hablar era mencionar cualquiera de sus diversiones favoritas. No podÃa mantenerse en silencio cuando se tocaban esos temas, y no era ni tÃmida ni reservada para discutirlos. Rápidamente descubrieron que compartÃan el gusto por el baile y la música, y que ello nacÃa de una general similitud de juicio en todo lo que concernÃa a ambas actividades. Animada por esto a examinar con mayor detenimiento las opiniones del joven, Marianne procedió a interrogarlo en torno al tema de los libros; trajo a colación sus autores favoritos hablando de ellos con tal arrobamiento, que cualquier joven de veinticinco años tendrÃa que haber sido en verdad insensible para no transformarse en un inmediato converso a la excelencia de tales obras, sin importar cuán poco las hubiera tenido en consideración antes. Sus gustos eran extraordinariamente semejantes. Ambos idolatraban los mismos libros, los mismos pasajes; o, si aparecÃa cualquier diferencia o surgÃa cualquier objeción de parte de él, no duraba sino hasta el momento en que la fuerza de los argumentos de la joven o el brillo de sus ojos podÃan desplegarse. Él asentÃa a todas sus decisiones, se contagiaba de su entusiasmo y mucho antes del fin de su visita, conversaban con la familiaridad de conocidos de larga data.