Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —Querida mÃa —dijo su madre—, no debes sentirte ofendida por Elinor; ella sólo bromeaba. Yo misma la regañarÃa si la creyera capaz de desear poner freno al placer de tu conversación con nuestro nuevo amigo.
Marianne se apaciguó en un instante.
Willoughby, por su parte, dio tantas pruebas del placer que le producÃa la relación con ellas como su evidente deseo de profundizarla podÃa ofrecer. Las visitaba diariamente. Al comienzo su excusa fue preguntar por Marianne; pero la alentadora forma en que era recibido, que dÃa a dÃa crecÃa en gentileza, hizo innecesaria tal excusa antes de que la perfecta recuperación de Marianne dejara de hacerla posible. Debió quedarse confinada a la casa durante algunos dÃas, pero nunca encierro alguno habÃa sido menos molesto. Willoughby era un joven de grandes habilidades, imaginación rápida, espÃritu vivaz y modales francos y afectuosos. Estaba hecho exactamente para conquistar el corazón de Marianne, porque a todo esto unÃa no sólo una apariencia cautivadora, sino una mente llena de un natural apasionamiento, que ahora despertaba y crecÃa con el ejemplo del de ella y que lo encomendaba a su afecto más que ninguna otra cosa.