El rancho del crimen
El rancho del crimen ¡Wan Lo no estaba allí!
Sólo pudo distinguir a dos jóvenes chinos que iban de un lado a otro preparando la cena. Algo desilusionado, Pete regresó a donde había dejado a Sonny. Montó a caballo y emprendió a galope el regreso a la ciudad.
Habría galopado durando unos cinco minutos, cuando oyó el ruido de unos cascos de caballo que parecía venir del Sur. Un jinete se dirigía hacia el Norte por la carretera principal del Chaparral, una de las principales carreteras, que llevaba también a la frontera.
Pete decidió enterarse de quién era el que se acercaba a aquellas horas de la noche. Un grupo de rocas, a poca distancia, le proporcionan un admirable parapeto para emboscarse.
Se apeó del caballo y se sentó observando el camino a través de una hendidura que podía haberse producido por algún terremoto diez mil años antes. Aquel país de Arizona debía de haber logrado su configuración por convulsiones prehistóricas fuera del alcance de las inteligencias actuales.
Pete no tuvo que esperar mucho, e hizo un descubrimiento interesante.