El rancho del crimen
El rancho del crimen Pete Rice sabía dónde estaba situada la habitación de Fancy Weldron. Estaba fuera de la azotea, en la parte sur del edificio. Probablemente, Weldron estaría cansado de su viaje y se retiraría temprano. Eso era lo que Pete se figuraba. Podía por la azotea, entrar en la habitación de Weldron.
Quería coger a Weldron durmiendo y hacer algunas investigaciones. Sentía el sheriff una gran curiosidad por saber qué libro era aquel que todavía llevaba Weldron consigo. Estaba sobre la mesa a una distancia de un pie poco más o menos delante de él y sus ojos se posaban en él de cuando en cuando.
Pero algo vino a decirle a Pete, que el pensamiento de Weldron no era el de irse a la cama. Cuando terminó la cena, el petimetre salió fuera de la casa y empezó a pasearse fumando de arriba abajo. Pete hervía de impaciencia. ¿No querría aquel condenado acabar de irse a la cama?
Había dos árboles en un trozo de terreno sumido en la obscuridad al otro lado, a la izquierda de la casa del rancho. Entre los dos árboles se balanceaba una hamaca.