El rancho del crimen
El rancho del crimen Esta vez Pete ató más cuidadosamente al prisionero a la grupa de su caballo. Un breve examen le reveló lo que había ocurrido. El contrabandista de drogas había sido bien atado la primera vez, pero en su brazo de madera tenía un tornillo que sujetaba en la base fija al muñón vivo.
Weldron, conforme cabalgaba debía haber ideado comprimir la mano mecánica contra la silla. Contorsionando su cuerpo consiguió destornillar todo el brazo mecánico. Cuando consiguió separarlo del muñón, la cuerda atada en torno suyo había caído fuera de su sitio. Trabajó entonces con su mano derecha libre, apoderándose del bazo mecánico y empleándolo como una porra. Únicamente el tratarse de un brazo vacío había salvado a Pete de una tragedia. Una porra maciza le hubiese fracturado el cráneo.
Pete siguió su ruta hacia Broken Arrow con su prisionero. No dejaba de observar atentamente a Weldron y aun le habló en cuanto vio que había recobrado el conocimiento.
—Fue un buen golpe el que me asestó usted, Weldron —le dijo—. Pero le advierto que será el último.
—Así lo creo, Rice —contestó Weldron fríamente.