El rancho del crimen
El rancho del crimen —¿Y qué tenemos con eso? —interrumpió de nuevo la misma voz resuelta de antes—. ¿No se ha visto fracasar hasta ahora a todos los agentes de la autoridad? El comisario May está ahora en la penitenciaria del Estado por robar la caja del distrito, ¿no es eso? No podÃa ser tan famoso como Pete Rice, pero tenÃa la misma reputación de honradez.
—¿Pero suponiendo que no seamos perseguidos?...
—Aun si asà fuera, atravesaremos las quebradas y sacaremos de ello buen provecho. Podremos madurar nuestros planes para atrapar a Pete Rice la próxima vez, o la otra.
—Si nos persiguen hay que acabar con todos los miembros de la Patrulla de la Frontera. Los muertos no pueden ir con cuentos, pero si no conseguimos segarlos a todos y alguno de ellos escapa herido... mejor, no creo que les haga mucha gracia a Pete Rice y sus comisarios cuando esos hombres hablen.
Guardaron silencio unos instantes. Los vagones del tren chirriaban escandalosamente. Hacia delante del convoy se extendÃa la frontera y al otro lado estaba el Estado de Arizona. Era un paraje solitario y devastado, en el que sólo sobresalÃan masas rocosas en las que crecÃa la artemisa y el mezquite. RugÃa el viento fúnebremente sobre el terreno desierto.