El rancho del crimen
El rancho del crimen Varios individuos de la Patrulla de la Frontera se acercaron a caballo a los vagones, para cumplir con su deber de cerciorarse de que no se trataba de introducir algún contrabando en los Estados Unidos. Los fieles componentes de la Patrulla de la Frontera, exponÃan sus vidas todas las noches. El heroÃsmo era en ellos como una segunda naturaleza. Eran todos hombres duros, que mantenÃan la frontera infranqueable.
—¿Qué llevan ustedes en esos vagones? —preguntó autoritariamente uno de los vigilantes montados.
El conductor del primer vagón se inclinó hacia delante y sondeó con la vista la obscuridad.
—¿Quiénes son ustedes —preguntó—, y qué desean?
—Soy el cabo Santee, de la CompañÃa M. De la Patrulla de la Frontera —fue la seca contestación.
El conductor del vagón se echó a reÃr.
—Perdone, es lo último que podÃa ocurrÃrseme —dijo afablemente—. Me alegro de conocerle, cabo Santee. Crea que estoy muy contento de ello. Yo soy Frank Harron. ¿No ha oÃdo hablar de mÃ?
—No —contestó el cabo con frialdad.
—Pues es extraño, porque la mayorÃa de las gentes de por aquà me conocen. Me dedico al negocio de ganados. Calculo que mi tren se ha metido por un camino de ladrones o montoneros.