El rancho del crimen
El rancho del crimen Uno de los componentes de la Patrulla de la Frontera habÃa encendido una linterna. A su resplandor pudo verse que Aarón era un hombre corpulento, con unas cejas muy espesas y una mandÃbula poderosa. Llevaba un sombrero Stetson de amplias alas y copa baja. Su traje de pana ajustado a sus formas musculares, indicaba bien a las claras que se trataba de un ganadero adinerado.
—Le he preguntado a usted qué llevaba en esos vagones —repitió el cabo Santee.
—Carne de buey... carne de buey en adobo —contestó Aarón—. Sabrá usted que yo tengo intereses en todo Sonora. Tengo unos cuantos ranchos en la Sierra Madre. Tengo un matadero en Magdalena. Adobo mi carne al Sur de la frontera y luego la traigo a través de ella.
—Pero eso me parece algo irregular —observó el cabo.
Aarón volvió a reÃrse.
—Se lo parecerá, pero no voy a perder el dinero dejando que otros hagan lo que puedo hacer yo. Es más barato el trabajo en Méjico. Mis peones trabajan para obtener frijoles, marijuana y tequila.
—De todos modos voy a echar una ojeada a esos vagones —contestó el cabo.
—Mire lo que quiera —dijo Aarón afablemente—. Convénzase por sà mismo que todo está normal.
El cabo Santee murmuró algo entre dientes y se volvió hacia los dos hombres: