El rancho del crimen
El rancho del crimen —Saltad a esos vagones y mirad lo que hay dentro. ¡Y vosotros, ayudadles!
Los dos soldados de la frontera saltaron a dos vagones y exploraron su contenido.
—Cargados de buey adobado, cabo —dijo uno de ellos al cabo de un rato.
—Aquà también, cabo —dijo el otro.
—¿Lo ve usted? ¿Está satisfecho? —preguntó jovialmente Aarón—. ¿Quiere usted echar un trago? ¡Es un vino que está pidiendo beberlo!
—Gracias, no bebo —contestó secamente Santee—. Y no estoy completamente satisfecho. Esto no me parece natural. Está usted empleando mejicanos para que el trabajo le resulte más barato, pero los conductores de sus vagones me parecen americanos y dos o tres vaqueros podÃan haber transportado toda esta carne perfectamente.
—Verá usted, cabo —empezó a decir Harron—. Esto es como...
—¡No me importa! —le interrumpió Santee—. ¡Muchachos! —añadió dirigiéndose a dos de sus hombres—. Dad una mano a Tilden en ese segundo vagón. Sacad un par de esas reses muertas hasta llegar a la capa interior.