El rancho del crimen
El rancho del crimen Pero Virginia Calvert no pensaba en aquellos momentos en el peligro que podía salirle al paso al cruzar aquella puerta. Su rostro estaba ahora rígido y su mirada era firme, haciéndola parecerse aún más a su emprendedora madre. Alguien que se hallaba en peligro necesitaba ayuda; eso era lo único que le preocupaba.
Siguió andando y fue la primera en llegar a la cocina, a excepción de Smiley, que parecía una persona a quien no había de producir impresión alguna el peligro, caso de enfrentarse con él.
Sobre el pavimento de la cocina yacía, caído de bruces, un chino. Clavado en su espalda se veía un largo cuchillo de hoja puntiaguda y afilada.
Otro individuo amarillo, Wan Lo, el primer cocinero, farfullaba algo en su lengua natal, mientras señalaba al chinito tendido a sus pies. Luego, abandonó sus lamentaciones chinas, para decir en un inglés adulterado:
—¡Él hacer! —e indicaba a un chino pequeñito, agachado contra la pared.
El rostro de Virginia tomó la palidez de la cera.
El asesinato había hecho su aparición dos veces aquella noche.
Y esta vez entre las paredes de la casa de Slash C.