El rancho del crimen
El rancho del crimen El rostro del jinete púsose ceñudo de pronto. Habían sucedido cosas muy extrañas en el Slash C. últimamente. A Wheeler no le era simpático el nuevo capataz, Luke McCarron. Lon Brenford, padrastro de Virginia, había desaparecido. Por la noche se veían en el rancho unos jinetes misteriosos.
Y luego apareció aquella maldita hipoteca, precisamente cuando el apoderado del Slash C. había dicho que el rancho estaba libre de deudas y el título de propiedad clarísimo.
Pues bien, si se amontonaban los trastornos, Hal Wheeler estaba preparado. Sería para él un final glorioso el morir peleando en defensa del Slash C. y de Virginia Calvert. Desconocía la muchacha la responsabilidad que pesaba sobre ella y aún llegaba ésta a aturdirle, pero tenía en Hal Wheeler un fiel aliado.
El viejo vaquero dirigió su plomizo alazán hacia una ladera cubierta de salvia y cabalgó un rato entre los piñones de la vertiente. A sus pies se extendía un extenso y fértil valle en el que pacía el ganado en la roja sabana de grama. El rebaño de novillos triscaba y saltaba en torno a los manantiales.
