El trasgo del desierto
El trasgo del desierto El tono de su voz reflejaba el temor que sentÃa. El tren correo del B. P. y S. S. tenÃa la llegada a Coatchie a las 15,52 y salÃa para Empalme del Desierto a las 10,54. Aun se hallaban a varias millas de la vÃa.
Mientras corrÃan como locos hacia el Nordeste, Latcher explicó por qué no habÃa intentado apresar a los bandidos. Sospechaba que pudiera haber mas escondidos en la oscuridad y sabÃa que dos de ellos, por lo menos, llevaban rifles de repetición. Le habÃa parecido que su mejor plan era correr a avisar al sheriff.
Pete vio al desconfiado «Miserias» mirar escudriñador al comprador de ganado.
—Vamos a hacer una cosa, muchachos —jadeó el sheriff—. No sabemos dónde atacarán esos canallas. Pudiera llegar un poco tarde el tren. Yo tengo el caballo más veloz, Llegaré a la vÃa, correré por ella. Tal vez pueda detener el tren antes de que se intente el asalto.
Picó espuelas. Sonny fue alejándose de los otros caballos.
—¡Vamos, muchacho! —murmuró Pete—. ¡Corre todo lo que puedas!
Sonny corrió vertiginosamente. Pete pidió al Cielo que llegara el tren con retraso. TenÃa la mirada fija delante de él, hacia la izquierda donde unos bosquecillos formaban como manchas en la oscuridad. Era por allà por donde el correo saldrÃa a campo abierto, por detrás dc las estribaciones de Puma.