El trasgo del desierto
El trasgo del desierto Los minutos que se emplearon en rebuscar por arroyos y maleza resultaron otros tantos minutos perdidos. Fueron examinándolo todo desde el punto en que se hallaban los caballos hacia atrás y hallaron... nada. HabÃan llegado a una parte de la llanura desde la que les era posible ver las linternas encendidas que se movÃan alrededor del tren parado.
—Volveremos a dar un repaso a este trecho al amanecer, muchachos —dijo Pete—. Entretanto, veremos qué proporciones ha asumido la tragedia.
Volvieron al tren al galope. El doctor Harley y otro cirujano de Coatchie habÃan llegado al lugar del suceso. También habÃa dos médicos de Hutchinson.
El número total de muertos eran siete. El maquinista habÃa muerto escaldado. El fogonero habÃa sido despedido de su puesto con tal fuerza, que se habÃa roto el cuello. Un balazo habÃa acabado con la vida del ambulante de correos. Tres pasajeros, entre los que se contaba el sheriff Granger, habÃan recibido heridas mortales al intentar luchar. Dos habÃan muerto instantáneamente y Granger al poco rato.
HabÃa una docena de heridos más o menos graves. El jefe del tren, con el rostro vendado, explicó qué la catástrofe hubiera sido muchÃsimo mayor de haber ido conduciendo cualquier maquinista que no fuera Thad Rannie.