El trasgo del desierto
El trasgo del desierto —Ahora, muchachos —dijo Pete—, vais a oÃr cosas la mar de extrañas. Y este que traigo aquÃ, Jacobo King, va a ser quien lo hable casi todo.
El prisionero se sentó en una silla, mirando, fijamente a Pete Rice, y al cañón del revólver con culata de nácar con que Pete le estaba apuntando.
—Echaré yo a rodar la bola —les dijo Pete a los asombrados comisarios—. Os debo una explicación acerca del viaje que hice a Empalme del Desierto hace un par de dÃas.
—Ya sabÃa yo que te traÃas algo gordo entre manos —dijo «Miserias».
—Bueno, pues me dio buen resultado. Yo sabÃa que Standish Buckland no tenÃa mucho dinero la noche que salió del Banco de su padre. Pero, volvió a la población bien provisto de fondos. ¿De dónde creéis que sacó ese dinero?
—Era muy jugador —dijo Leeming—. Un jugador de cartas muy perspicaz, como su padre. Tal vez lo ganara en el juego...
—Exacto, compadre. Yo habÃa oÃdo hablar de la habilidad del muchacho y sabÃa que habÃa ido al Empalme. Conque estuve investigando por ahà estos últimos dÃas.
Mascó goma unos instantes. El semblante del hotelero estaba pálido y demacrado.