La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas Eddie sintió un ardor en el pecho, una mezcla de rabia e incredulidad. ¿Cómo podÃa James ser tan indiferente cuando la empresa que habÃan construido generaciones atrás se desmoronaba frente a sus ojos? —No es mala suerte. La RÃo Norte está muriendo. Necesitamos nuevos rieles, un cambio real, o vamos a perder Colorado por completo.
James suspiró, su tono impregnado de condescendencia. —Eres demasiado dramático. Las cosas se estabilizarán. Siempre lo hacen.
Eddie no respondió. Su mente volaba hacia el pasado, a los dÃas en que la Taggart Transcontinental era una lÃnea de vida para la nación, una red roja en los mapas que conectaba océanos, montañas y sueños. Ahora, esa red estaba tan rota como el viejo roble de su infancia, aquel árbol que habÃa representado para él la fuerza indestructible… hasta que lo encontró vacÃo por dentro, reducido a polvo.
Al abandonar la oficina, Eddie cruzó el vestÃbulo, donde las secretarias mecanografiaban como si el mundo aún tuviera sentido. Pero incluso allÃ, bajo las luces brillantes y los suelos de mármol, el zumbido de las máquinas parecÃa más una marcha fúnebre que un testimonio de progreso.
