La rebelión de Atlas
La rebelión de Atlas La pregunta regresó a él con un peso insoportable: ¿Quién es John Galt? Era una burla y una advertencia, un eco de algo perdido, algo que aún no comprendÃa. Eddie no sabÃa la respuesta, pero algo en su interior le decÃa que el mundo entero estaba a punto de averiguarlo, le gustara o no.
La lÃnea RÃo Norte era un cadáver arrastrándose por su propio lecho de hierro oxidado. Los rieles estaban tan desgastados que los trenes avanzaban con la amenaza constante de descarrilar. Dagny Taggart sabÃa que estaba perdiendo clientes a manos de la Phoenix-Durango, un ferrocarril menor que habÃa logrado conquistar Colorado con un servicio confiable y puntual. Pero lo que más dolÃa no era la competencia, sino la indiferencia de su hermano James.
—Jim, no tenemos tiempo para esperar los rieles de la Associated Steel. Necesitamos actuar ahora, o perderemos Colorado —dijo Dagny, su voz como un látigo que azotaba el aire en el despacho de James. Él levantó la vista de un informe con la calma de quien no siente el peso de la responsabilidad. —Orren Boyle es un amigo leal, Dagny. Nos entregará los rieles cuando pueda. Dagny apretó los puños. —No podemos dirigir un ferrocarril basándonos en amistades. Si Boyle no cumple, recurriremos a la Rearden Steel.
