Dios y el Estado
Dios y el Estado Henos aquÃ, pues, llegados a la manifestación de dios sobre la tierra. Pero tan pronto como dios aparece, el hombre se anula. Se dirá que no se anula del todo, puesto que él mismo es una partÃcula de dios. ¡Perdón! Admito que una partÃcula, una parte de un todo determinado, limitado, por pequeña que sea esa parte, sea una cantidad, un tamaño positivo. Pero una parte, una partÃcula de lo infinitamente grande, comparada con él, es, necesariamente, infinitamente pequeña. Multiplicad los millones y millones por millones y millones; su producto, en comparación con lo infinitamente grande, será infinitamente pequeño, y lo infinitamente pequeño es igual a cero. Dios es todo, por consiguiente el hombre y todo el mundo real con él, el universo, no son nada. No saldréis de eso.
Dios aparece, el hombre se anula; y cuanto más grande se hace la divinidad, más miserable se vuelve la humanidad. He ahà toda la historia de todas las religiones; he ahà el efecto de todas las inspiraciones y de todas las legislaciones divinas. En historia el nombre de dios es la terrible maza histórica con la cual todos los hombres divinamente inspirados, los grandes «genios virtuosos» han abatido la libertad, la dignidad, la razón y la prosperidad de los hombres Hemos tenido primeramente la caÃda de dios. Tenemos ahora una caÃda que nos interesa mucho más, la del hombre, causada por la sola aparición o manifestación de dios en la tierra.